Su primer mundo surrealista
¿Qué tal si pudieramos ponernos un filtro en los ojos para hacer esta clase de cosas? Esa fue la cuestión que causó la gestión de esta idea, no completa y muy mediocremente realizada. Quien quiera tomarla y hacer algo interesante con ella, ya que a mí la fantasía simplemente no se me da, que lo haga sin titubeos.
--
Silvia jamás había querido entrar en un mundo surrealista conmigo; pero ese día parecía de humor, y por eso le dije: “Vamos, juntos, a imaginar que todos los objetos sólidos ahora son gaseosos.” Entonces la vi, con una mueca de curiosidad, entre cerrando los ojos y pasando su mano con movimientos ondulatorios sobre una mesa, pude observar cómo la mesa se desvanecía, y como humo se movían las partes que su mano empujaba. Me sorprendió el hecho de que su mano, también siendo un gas, no se disolviera en como la mesa; pero luego entendí que la razón era muy simple: Silvia tiene una voluntad, y ésa hace que el gas que ella es no vuele por ahí. Además, después de mover la mano, se podía ver cómo las partículas de la mesa volvían lentamente, como empujadas por una lenta voluntad, hacia su lugar de reposo. Y así la mesa volvía a ser mesa.
Advertí, acto seguido, que el suelo era mucho más caliente, y que por ello no nos hundíamos en él. Sus moléculas se movían tan rápido que si brincaba, me era posible observar por segundos la onda que mi caída causaba. Al caer, el suelo se expandía como si una esfera invisible lo perforara, y en menos tiempo que el necesario para que la gravedad me llevara hacia abajo, se reconstruía bajo mis pies.
Atravezamos la ventana de un salto, y caímos en el zacate. Era impresionante ver la niebla de moléculas verdes que se levantaban a causa de nuestro correr en el mismo. Fuimos a la alberca, y nos echamos un clavado. El agua no nos podía mojar, pero flotábamos en ella, y en veces nuestros cabellos eran arrastrados por la corriente, aunque un extraño magnetismo los regresaba a su lugar. No pude contenerme, al ver un foco, de golpearlo y ver qué sucedía. La luz se pegaba a mi mano, y podía yo mover el orígen de la luz en mi mano sin quemarme; sin embargo, cuando aplaudí para juntar las manos, algo muy extraño sucedió, la bola de luz provocó una explosión pequeña que abrió mis brazos y me empujó hacia atrás. Cuando voltée a ver el foco de nuevo, allí estaba, brillando de nuevo.
Oscar García Chávez

0 Comments:
Post a Comment
<< Home