Discurrir filosófico ideal
Este escrito no pretende contener ni una verdad, podrá decir que las tiene; sin embargo, son necesarias esas aceptaciones falsas para llegar a una conclusión. Podrá contener errores ortográficos, quizá malos fundamentos y posiblemente no haga sentido, además de que repite muchísimas veces las mismas palabras. Quiero aclarar que en este escrito en particular no es necesario utilizar un ejército de sinónimos para designar lo que las palabras señalan; pero basta de explicaciones, que aquél que lea interpretará siempre lo que quiera y no importa cuántas aclaraciones se hagan, el lector vivirá siempre en su mundo representado.
La búsqueda del principio ideal
Manuel García Morente, en La Filosofía de Kant, escribe, en el apartado sobre Ética: “Lo real es, y existe en la experiencia; ideal no es, no existe en la experiencia, pero es y existe en el pensamiento para regla y dirección de la experiencia.” Y también: “Todo ideal es irrealizable; si fuera realizable no sería ideal.”
Es inconcebible la idea de que el tiempo pueda tener un comienzo, y se puede demostrar por la simple prueba de que antes de ese comienzo, hubo un tiempo en el que no había tiempo. Sin embargo, las vidas humanas sí empiezan y terminan, y lo hacen dentro del tiempo. ¿Dónde está el principio en la vida de un hombre? ¿En el parto? ¿En la fertilización? ¿O cuando se le pone un nombre? Habrá muchas opiniones al respecto, pero no saberes, no certezas, porque la opinión es una creencia, y creer es suponer que se sabe. La opinión, dice Giovanni Sartori, no es ciencia; es conocimiento vulgar, así lo llamaría Kant.
Todos podemos experimentar cómo la barriga de la mujer se va ensanchando para finalmente expulsar al niño del vientre. Pero no podemos nunca observar, por medio de los sentidos, el comienzo de un suceso, porque el comienzo del suceso es el principio del tiempo. Si las cosas se rigen por sus causas, si quisieramos contar una historia, sería nuestro deber empezar por el principio del tiempo; pero hemos dicho ya que el tiempo no tiene un principio. Así que sólo nos queda a nuestro juicio decidir qué punto de referencia utilizar, y de ahí comenzar a relatar la secuencia de eventos que ocurren en el tiempo, y el espacio, en una palabra, la historia.
Elegir es pensar. Así que para que exista un comienzo es necesario el pensamiento. Si yo quiero contar, por ejemplo, que mi lápiz se cayó, puedo decir: El lápiz pasó del punto A al punto B. O para ser más específico: Mi lápiz se pasó del escritorio al suelo porque cayó. Sin embargo, siempre queda la incognita ¿Por qué se cayó el lápiz?, y entonces ya esa historia tiene otro comienzo, sería decir: “Con la mano, empujé mi lápiz, luego éste cayó al suelo.” ¿Y por qué tumbaste el lápiz? “No era mi intención tumbarlo, quería tomar del vaso que yacía más adelante en el escritorio” ¿Y por qué estaba allí el lápiz? “Porque lo puse en ese lugar para luego poder tomar el vaso” Podría seguir así hasta que mi memoria me lo permita, entonces, la conclusión a la que he llegado en este párrafo es que el principio está determinado por lo que se quiere saber.
Entonces, en lo que llevo hasta ahora escrito, se puede decir que uno elige dónde comenzar; pero también que el comienzo lo determina una pregunta.
Un principio ideal es un buen comienzo. De antemano es menester estar de acuerdo con lo que “buen” significa. Buen puede significar muchas cosas, y entre ellas puedo pensar en atractivo, entretenido, confluyente con el final, que no dice más de lo que quiere decir, que intriga, que nos hace cuestionarnos, que nos informa y demás cosas. Pero todas estas cosas puede también no tenerlas el comienzo, todas excepto una: que no diga más, o sea, que no se salga de la historia y del fin u objetivo de la misma.
Se debe querer decir algo para contar algo, alguien también debe querer saber algo para que se haga una pregunta y se le pueda contestar por un principio adecuado. El comienzo no debe salirse del fin de la historia, debe estar relacionado con toda la historia, con la totalidad de lo dicho.
Ahora sabemos, que un principio no debe salirse de lo que quiere decir; que cada persona puede elegir dónde comenzar y que el comienzo lo determina una pregunta.
Ahora, no puede haber un principio ideal si cada persona tiene el poder de elegir dónde comenzar. Si eso es verdad, entonces sólo hay principio ideal para el mismo individuo que pensó el comienzo. Y entonces la idea de un principio ideal se desmorona, entonces debemos deshacernos de esa noción.
Un principio no se elige, de acuerdo con lo que acabamos de decir. Un principio, es el principio inevitable de un suceso y ningún otro puede ser el principio del mismo suceso. Esto parece absurdo y contradice lo antedicho, tan simple es cambiar de principio como ir más atrás en el tiempo y escarbar en la memoria. Regresamos entonces a la idea de que el comienzo se elige.
Ahora, al decir esto, estamos olvidando el que no debe salirse el comienzo de lo que quiere decir la historia. Eso significa entonces que toda historia debe tener un solo principio y no dos, ni infinitos principios. Más bien, un suceso no tiene varios principios, pero una historia sí puede tenerlos.
El autor de este escrito se vió obligado a
terminar por flojera, quizá siga pensando
en otra ocasión sobre el mismo tema.
terminar por flojera, quizá siga pensando
en otra ocasión sobre el mismo tema.

2 Comments:
y el capítulo 3?
De donde sacas estos escritos anónimos? dame el link
Aunque poco logro captar de la no ficción del escrito, son muy entretenidos
No hay capítulo tres. Termina con el segundo.
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