La razón que me llevó al table-dance
Capítulo 1: De lo que estoy haciendo en el presente gracias a mi conocimiento.
Ella, mi consanguínea, o semejante, no importa cómo se le llame, no es más que una prójima. No lo digo porque sea igual a mí, sino porque esa palabra: “prójima”, es sinónimo de puta. Y como digo eso de esa, se entiende que la otra, dígase en una palabra, mi prometida, lo es también.
Jamás imaginé que detrás de quien yo creía conocer tan bien, se escondía una ninfómana desenfrenada, una loba perniciosa; pero a la vez ventajosa, porque sin el conocimiento que ahora tengo de ella jamás hubiera tenido las agallas para disfrutar de este carnoso, y además cariñoso menú de señoritas, que a cambio de un puñado de dólares son capaces de las hazañas más codiciables(entre quienes cargan con un pito, que esto quede bien claro).
Recordando el tiempo en que ignoraba el gran conocimiento que ahora me acompaña, me parece grotesca la manera en que me flagelaba a mí mismo, mentalmente, con culpas. El simple hecho de pensar en otra mujer me llenaba de una angustia dolorosa, que me obligaba a dirigir el pensamiento al dinosaurio Barney. En este preciso momento estoy en mi imaginación, quitándole el disfraz morado y asqueroso a una mujer que tiene las tetas más grandes que mi cráneo, y carga con unas nalgas que si fueran la cubierta del Titanic, derretirían a todo iceberg que pudiera atravesársele.
Autor: Anónimo

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