Carta de odio para la bitch
Advertencia, muy ofensiva.
(hecha a base de frases del libro “Diablo Guardián” por Xavier Velasco)
La última vez que te vi tenías a otro hombre en frente. Y una de sus manos bajaba por tu espalda, lista para tocar lo que antes protegías fervientemente. ¿Sabes, Vil Embustera? Te sobra cola para prostituta, y si lo fueras te engañarías de todas maneras. Tú, que eres una tramposa, ¿nunca sentiste como que se agotaban las reservas de patrañas? Ya se que me detestas por decir tus verdades, y más por esconder las mentiras, que vendrían siendo menos ofensivas. Por eso ahora me toca contarte la verdad. Enterita, ¿me entiendes? No es más que la verdad, y verdades ya ves que siempre sobran. Señorita babosa, ¿podría usted contarnos qué tanto hay de verdad en su cochina vida de mentiras? ¿Qué hay de cierto en lo witch disfrazada de bitch, come on sugar darling let me scratch your itch? Puta madre, qué horror, me usaste.
Te acuso de ser tú por todas partes. O sea de querer siempre ser otra. Y hasta peor: conseguirlo. Te acuso de bitchear, witchear y rascuachear, de ser barata como vino en tetra-pak, y al mismo tiempo cara, como cualquier coatlicue traicionera. Te acuso de haberme robado la bondad, no una ni dos veces sino a toda hora y en todo lugar, como chingado pac-man cleptómano. A mujeres como tú no las conoces; las contraes. Como los matrimonios y las enfermedades y las deudas. Ay, cabrona, que Dios te perdone.
Ahora mismo quisiera causar el fin de tu primera persona. Ser el culpable de esa ocasión pomposa donde unos cuantos ellos despiden a otro yo de su nosotros, a la vez que lo envían a otro ellos, más hondo en insondable, llamado funeral. Ellos: los que no están, ni van a estar. Que seas una difunta, a la cual condiciríamos al panteón para poner entre nosotros no sólo tierra, sino de preferencia un mundo de por medio.
Eres oveja, lo sabes, tu destino es vivir entre el rebaño y ser la vergüenza del mismo. Por mí, ni te conozco. Piruja jodida, eres del tipo de mujer que jamás se ira al cielo. Las mujeres que duermen con cerdos poco a se van haciendo cerdas. Lo único que no heredaste son los defectos. Me da asco pensar cuánto te gusta hacer pedo. Eres egoísta, vanidosa, trendy. Te gustan cosas de verdad horribles, como que te regalen lo más caro de la tienda. Que se metan en broncas por tu culpa, como mezquina mujerzuela callejera. Siempre diciendo que eres maravillosa, para jugar conmigo. Para convertirme en tu muñequito. ¿Checas las dimensiones de tu egoísmo?
Quisiera que me contaras en qué columpio enseñaste por primera vez los calzones. No quiero imaginarme la de tlahuicas y coatlicues con que te habrás metido, o que te la habrán metido. Eres la oveja negra, la plebeya ambiciosa, la puta de la esquina, la bruja de este cuento. Siempre has sido una desesperada: quieres acabar todo cuando ni ha comenzado.
Ser puta es como bailar: es cuestión de agarrar el ritmo. Y no sé cómo no me di cuenta si bailabas tan bien, y yo que pensé que era tu primera vez. Mis tíos, cuando hablaban de putas, decían: Las tramposas. Entonces siempre que te veía hacer trampas pensaba: ¡Dios mío, qué puta es!, y después lo negaba. Claro que no te lo iba a decir: Te acuso de ser puta, porque además de puta eras grosera. Pero sí te acuso de ser tramposa, porque te imagino así desde niña y pienso: Tan chiquita y tan putita.
Yo no soy de tu equipo, sabes que lo tramposo no se quita nunca. Y digo, tienes edad suficiente para comprender que putear era algo màs que ser tramposa. Desde siempre tu ambición ha sido esa, ¿cómo te explico? Pues eso mismo, ser ambicionada. De ahora en adelante te recordaré como “La Sopa”. ¿Por qué La Sopa? Muy fácil, loca: por espesa y por caliente.
No me imagino la clase de cosas que le cuentas al espejo. Vas y haces cosas que se te ocurren, o se te antojan, o lo que sea, nunca llegas al punto en que dices: Espérate, qué estoy haciendo. Siempre hay una bardita que te quieres saltar y piensas: Nadie que yo conozca se ha saltado esta barda, yo me la estoy saltando.
Y no cabe duda que has cobrado bien por tus servicios, así como le dijiste al hombre que te tocaba, ¿apoco crees que no alcancé a escuchar? Le dijiste: “Digo, soy lo que quieras, nomás llégame al precio. Habrá que hacer un manual de superación para tramposos, porque si creíste que nunca iba a sospechar de ti, que no te descubriría, subestimaste mi inteligencia más allá de lo que debiste. Y aunque me hayas dicho que tengo cuchillos en la lengua, no me asusta matarte ni verte muerta, piruja aborrecible e hipócrita.
Quisiera culpar a alguien más, como a tus padres, pero ellos no tienen la culpa de la tragedia de todos los ojetes, que sus hijos salen más ojetes que ellos. Pero mi carácter majadero, vulgar, me impide no hacerlo. Siempre que las mujeres se sienten culpables les da por repartir, ¿qué cosas habrás hecho tú para ser tan compartida? El cuerpo de Judas: Amén. Porque tú querías ser lo peor, pero por gusto. Eso de hacerte puta por necesidad te parecía, no sé, inaceptable. Y tus amigas jodidas, como se tona que es cierto que lo jodido se pega.
Comprendo que no es tu culpa el no habermelo confesado, uno nunca confiesa los pecados que piensa cometer. Me acuso, de que el año que entra voy a joderme a un hijo de puta. O sea, vas a jodertelo y luego te confiesas. Al final, quedo como el cínico sin culpas: el que ríe al principio, a la mitad y al último. Y tú ahora pierdes las numerosas oportunidades de bitchear, porque ya todo mundo sabe que eres más rápida que Superman.
Te Ama, tu ahora ex-novio.
O.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home